La figura de la mujer aforecuatoriana es utilizada en la publicidad como objeto de deseo

La discriminación racial y los estereotipos ponen a la población afroecuatoriana, y de manera particular, a las mujeres afroecuatorianas, en una posición de vulnerabilidad, así lo señala el análisis realizado por Carlos de la Torre y Patric Hollenstein, en medios impresos como: El Universo, El Comercio y Hoy, durante el período 1996 – 2009.

Su publicación denominada “Los medios de comunicación y el pueblo afroecuatoriano” develan que las mujeres afroecuatrianas han sido representadas como personas desposeídas y necesitadas de la caridad y la bondad de los blancos, como individuos que no pueden progresar por sí mismo.

En los medios de comunicación muestran una imagen generalizada de la asociación afrodescendientes y pobreza, pero no cuestionan el racismo estructural que pone a los afroecuatorianos e indígenas fuera de los espacios de decisión, no participan en igualdad de condiciones en las instituciones públicas, ni reciben el mismo porcentaje de inversión del Estado.

El estudio realizado por Torre y Hollenstein, también señalan que existen estereotipos sobre su alegría innata, su sensualidad en el baile y su belleza expuesta en la publicidad como objeto de deseo.

“La publicidad es un espacio privilegiado para analizar los cambios y las continuidades en las representaciones. Las representaciones de imágenes racistas burdas en la publicidad resalta la figura de las mujeres afrodescendientes para vender llantas o bebidas alcohólicas”  (Torre y Hollenstein).

Empsy Campbell afirma que el racismo, reafirma el sexismo e incorpora en su seno las diferencias sexuales y la superioridad de los hombres sobre las mujeres como una característica inherente y constitutiva de esa ideología. “Vivimos en una sociedad patriarcal y androcéntica[1], de igual manera como vivos en sociedades racistas y claramente discriminatorias, que incorporan a la diferencia racial como una categoría de estratificación, creando una pirámide que no solo está marcada por la diferencia sexual, sino también por la distinción racial”.  

La intolerancia contra las mujeres se ha sustentado a partir de una realidad en la cual los poderes y los recursos se encontraban en manos de los hombres, siendo las mujeres prácticamente propiedad de los hombres, como otro objeto más. Esta situación de discriminación, en primera instancia por ser mujeres y luego por ser afrodescendientes han construido una identidad basada en una baja autoestima (Puyol y Viveros).

Elena Hurtado, líder afroecuatoriana de la Fundación de Derechos del Negro, afirma que ” hemos conseguido que nos escuchen y ya no nos da vergüenza de vernos como afroecuatorianas y afroecuatorianos y seguimos luchando por nuestra identidad”. Pero también señala que: “Aún somos esclavos: si eres blanca tienes libertad y derechos, y si no, te niegan trabajo, educación, salud; no miden nuestras capacidades” (Hoy).

El racismo en los medios de comunicación es presentado como algo natural y no como el producto de relaciones sociales basadas en legados como la esclavitud o la invisibilización histórica (Torre y Hollenstein). Aún queda un saldo pendiente de los medios para con el Pueblo Afroecuatoriano, pues se necesita información que aporte a la visibilidad de las diversidades y la promoción de la construcción de un Estado Plurinacional.

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Fuentes: Carlos de la Torre y Patric Hollenstein. Los medios de comunicación y la población afroecuatoriana, período considerado 1996 -2009. Una publicación del Proyecto Regional “Población afrodescendiente de América Latina”. 2010.

Puyol, Verónica y Viveros, Sonia. Mujeres en la historia del Ecuador: género y cultura. Una mirada desde las mujeres afroecuatorianas. Consejo Nacional de las Mujeres (CONAMU) y Ministerio de Cultura. Quito.

Hoy. “Ellas aún son discriminadas”. Sección Política. 10 de agosto de 2004.

Epsy, Campbell. Comisión Económica para América Latina y el Caribe CEPAL. “Pobreza y exclusión de los pueblos y mujeres afrodescendientes”. Documento III Foro, Ciudadanía Sexual.

Moreno, Amparo, Más allá del género: aportaciones no-androcéntricas a la construcción de un humanismo plural, Madrid, 2006.


[1] Androcentrismo: En griego, aner, -dros, hace referencia al ser de sexo masculino, al hombre por oposición a la mujer y por oposición a los dioses: al hombre de una determinada edad (que no es niño, ni adolescente, ni anciano), de un determinado status (marido) y de unas determinadas cualidades viriles (honor, valentía…). Andro-centrismo está compuesto por un segundo término que hace referencia a un situarse en el centro, que genera una perspectiva centralista: en este sentido se habla a veces de etnocentrismo (visión desde el punto de vista central de una raza), por ejemplo (Moreno, 2006: 108).

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